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Junio es mes dulce, ideal para disfrute de golosos. En la programación de actividades, junio se reserva a los dulces y la pastelería leonesa. El mimo que ponen los leoneses en la mesa se muestra en creaciones reposteras,el  final feliz y placentero de una buena comida, donde se aúnan los tradicionales postres, la repostería de toda la vida y la omnipresencia del chocolate, producto de culto al que se le dedica un museo en Astorga.

Mantecadas de Astorga. Se caracterizan por su suavidad y esponjosidad siendo un producto muy apreciado de la repostería maragata. Se obtienen de hornear una masa batida compuesta de hari- na de trigo oja, huevo de gallina, mantequilla de vaca, mante- ca de cerdo y azúcares. La zona de elaboración y envasado de las mantecadas, amparadas por la Indicación Geográfica Protegida “Mantecadas de Astorga”, la constituyen los muni- cipios de Astorga, Brazuelo, San Justo de la Vega y Valde- rrey. Se constituyó en 2004, la componen 6 obradores y tiene una producción anual de 225.000 docenas. Sin salir de la capital maragata hay otra tentación que no conviene dejar pasar: los Hojaldres de Astorga, dulces rectangulares recu- biertos de almíbar. Su sabor es agradable y suave. Como postre o acompañando al café, resultan deliciosos.

Yemas tostadas de la Bañeza. Muy parecidas al tocinillo de cielo, aunque más pequeñas, se elaboran únicamente con yemas de huevo, azúcar y agua. El contraste entre el color dorado de la yema y el tostado de su parte superior es su signo característico.

Amarguillos de Sahagún. Pastas de unos 4 o 5 cm de diámetro de color dorado y coronadas con una almendra pelada entera. Su color característico es el dorado y tostado del baño de huevo con el que son recubiertos y horneados.

Rosquillas de San Froilán. Típicas de la festividad de San Froilán, son unas rosquillas de unos 20 gramos de peso y elaboradas con leche, sal, mantequilla, huevos, harina y un poquito de ron. Se recubren de un glasé blanco de azúcar que le aporta un toque dulce perfecto. Son tan apreciadas también las torrijas que atraen a propios y extraños al olor de un afamado concurso nacio- nal que anualmente otorga un galardón a la mejor torrija.

Chocolate. Y tan tentador el chocolate de Astorga. La elaboración del chocolate fue una de las principales industrias de esta comarca durante los siglos XVIII y XIX; en la actualidad ya hay cinco fábricas de chocolate en la comarca. Y en esa misma ciudad gaudiniana, un Museo del Chocolate donde es posible visionar utensilios y objetos que representan la historia de la fabricación del chocolate: tostaderos, refina- deras, rodillos, artesas, morteros, moldes y máquinas de principios del siglo XIX. Solo o en su versión más sorprendente, con virutas de cecina. Sólido o a la taza. De elaboración tradicional y con el sabor de siempre. Insólito maridaje.

Capricho de dioses: la repostería monacal. Merecida fama tienen también productos de la repostería monacal como los canutillos y, especialmente, los amar- guillos. Estos últimos son pastas de forma circular que llevan en su parte superior una almendra tostada. Las pastas horneadas y bañadas en huevo se hacen a base de huevos, harina, almendra y obleas. Los conventos de Sahagún o Gradefes, entre otros, aún siguen elaborando estas exquisiteces.

Nicanores, Lazos y rosquillas. A la familia de la repostería hojaldrada pertenecen también otras dos creaciones: los Nicanores de Boñar y los Lazos de San Guillermo. Los Nicanores nacieron de la creatividad de un pastelero de Boñar, Nicanor Rodríguez, en 1880. Se trata de una masa de hojaldre en forma de margarita, que obtiene en la mantequilla su ingrediente principal. Por su parte los lazos, procedentes de la montaña leonesa, son una suerte de hojaldre de color crema recubierto por una capa de azúcar glass y pequeños trozos de almendra molida. Su elaboración requiere calidad en las materias primas: buena mantequilla, harina y huevos. Esta perdición para los golosos es propia de Cistierna, localidad en la que llevan elaborándose de manera artesanal desde hace muchas décadas. Otra muestra excepcional de repostería son los Imperiales de La Bañeza, dulces rectangulares, de textura suave y deliciosa, hechos a base de almendra, azúcar y huevo. Como en otras ocasiones su creación debe atribuirse a un industrioso pastelero, el bañezano Emilio Alonso Ferrero, de cuyo horno salieron por primera vez en 1892

Lazos de San Guillermo de Cistierna. Procedentes de la montaña leonesa, son una suerte de hojaldre de color crema recubierto por una capa de azúcar glass y pequeños trozos de almendra molida. Su elabora- ción requiere calidad en las materias primas: buena mante- quilla, harina y huevos. Pero la lista es larga y deliciosa. Orejuelas en Carnaval, afamadas rosquillas en San Froilán, tarta de San Marcos siempre… Y qué decir de las pastas de nata de Boca Huér- gano, las canelas de León, los amarguillos de Sahagún, las yemas de La Bañeza, el mazapán de Babia…

 

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