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Tras la tempestad, la calma. León vvió una jornada histórica al conseguir el World Record Guinness del Plato de Cecina más grande del mundo cortada a cuchillo. Se alcanzaron los 283.1 kilos cuando el minimo establecido se había fijado en 230 kilos y se culmnino un plato de más de 40 metros cuadrados. Exito de record.

Diario de León se hace eco de la noticia que “El Consejo Regulador, presidido por José Luis Nieto, quiere prestigiar la marca y ganar credibilidad. Y en este camino será fundamental la senda que inicia Cecina de León, como pionera entre las marcas de calidad de la Comunidad, con el Itacyl (el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León) como garante en la certificación de sus piezas. Este centro da el relevo así a la IGP Cecina de León en la certificación de las piezas con el sello que acredita su calidad y pertenencia a este etiqueta. La Junta inicia con este producto de la despensa de la provincia la labor contemplada en el Reglamento de las Denominaciones de Origen de Calidad y las Marcas de Calidad Alimentarias de Castilla y León para aquellos consejos que no cumplen los requisitos. «El Itacyl certificará nuestro producto, con nuestra colaboración, y pondrá orden así en el sello tal y como se comprometió la consejera de Agricultura. Iremos de la mano. Con este paso ganaremos credibilidad y pondremos en marcha una experiencia piloto en Castilla y León», remarca José Luis Nieto. Está convencido de que el nuevo camino en la certificación permitirá que la IGP sume más empresas e incremente su número de piezas certificadas.

El sello Cecina de León cerró 2017 con 80.000, lejos de la época más dorada del producto cuando en 2007 llegó a poner en el mercado 120.000 piezas con etiqueta de calidad. Actualmente son nueve empresas las adheridas, en una nómina que llegó a contar con 22.

El llamativo descenso en el número de industrias, la larga crisis económica que ha azotado al país y la doble línea de producción incorporada por algunos de los empresarios incluidos en el sello explican los motivos principales de la menor presencia de piezas certificadas en el mercado, como explica la directora técnico de la IGP, Raquel Factor. Fue precisamente la inclusión de esta doble línea la causante de la profunda crisis que llegó al sello a estar en manos de una gestora. En la búsqueda de la rentabilidad del producto, industriales dentro de la propia IGP optaron por poner en el mercado cecina a la venta a través de la denominada línea B: piezas no certificadas en cuya elaboración se utilizan partes del vacuno no incluidas en el marchamo oficial. Además, su tiempo de curación también es menor (las piezas con sello requieren un mínimo de siete meses y la Cecina de León Reserva más de doce), al igual que el desperdicio y el precio. Las discrepancias entre los ortodoxos de la marca y los partidarios de la línea B abrieron la fractura en el sello.

El 90% de las ventas de la producción de Cecina de León se realizan en España, principalmente en Madrid, Asturias, la propia provincia y la zona norte de España, aunque su conocimiento se ha extendido a todo el país gracias a las campañas de promoción. El 10% restante se dedica a la exportación, sobre todo, a países de la UE, con incursiones en otros continentes. Cerca del 15% de la producción certificada corresponde ya a piezas de Cecina de León Reserva.

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